Cuándo cambiar el calzado de seguridad y cómo alargar su vida útil
El calzado de seguridad es un equipo de protección individual diseñado para proteger frente a riesgos concretos.
Sin embargo, su capacidad de protección puede disminuir debido al uso, el desgaste, las condiciones ambientales o un mantenimiento inadecuado.
No existe una duración única aplicable a todos los modelos y usuarios. La vida útil del calzado de seguridad depende de factores como la frecuencia de utilización, el entorno de trabajo, los materiales, la exposición al agua, el calor o los productos químicos y la calidad de su mantenimiento.
Por eso, más que fijarse únicamente en la antigüedad, es fundamental inspeccionar regularmente su estado.
Caducidad y vida útil del calzado de seguridad: no son lo mismo
La caducidad durante el almacenamiento indica el periodo en el que el calzado puede conservar sus características antes de utilizarse, siempre que se mantenga en condiciones normales de temperatura y humedad.
Como orientación general, de acuerdo con la recomendación 10.082 Revisión 1 del CEN/TC 161/VG 10, cuando el calzado se almacena en condiciones normales (temperatura y humedad relativa), el periodo de caducidad será normalmente:
- 4-5 años tras la fecha de fabricación del calzado con piso de poliuretano.
- 10 años tras la fecha de fabricación del calzado con piso de goma.La fecha de fabricación puede consultarse en el marcado situado en la suela, la lengüeta o la caña, según el modelo.
Estos periodos no determinan cuánto durará el calzado una vez puesto en servicio. Unas botas utilizadas diariamente en condiciones exigentes pueden necesitar ser sustituidas mucho antes. La vida útil real dependerá siempre de su estado, de las condiciones de trabajo y de las instrucciones facilitadas por el fabricante.
Señales que indican que debe revisarse o sustituirse
Antes de comenzar la jornada conviene realizar una comprobación visual rápida, prestando atención a los siguientes elementos.
Suela
El calzado debe retirarse o someterse a evaluación cuando presente:
- Desgaste acusado del dibujo o relieve.
- Grietas, cortes o perforaciones.
- Separación entre la suela y el resto del calzado.
- Deformaciones producidas por calor o contacto con sustancias agresivas.
- Pérdida evidente de estabilidad o adherencia.
Una suela excesivamente desgastada puede reducir el agarre y comprometer otras prestaciones del calzado.
Corte, costuras y cierres
También deben revisarse el material exterior, las costuras, los cordones, las cremalleras y cualquier otro sistema de cierre.
Las roturas, quemaduras, abrasiones intensas o deformaciones pueden indicar que la integridad del calzado está comprometida. El cierre debe mantener el pie correctamente sujeto durante toda la jornada.
Puntera de seguridad
Si el calzado ha recibido un impacto importante o presenta una deformación en la zona de la puntera, debe retirarse del uso y evaluarse. Aunque externamente el daño no siempre sea visible, el elemento protector puede haber perdido eficacia.
Plantilla y protección frente a la perforación
Una plantilla interior muy deformada, rota o aplastada puede afectar al ajuste y a la comodidad. No debe confundirse esta plantilla extraíble con el elemento de protección frente a la perforación integrado en determinados modelos.
Cuando el calzado se suministra con una plantilla extraíble, ha sido ensayado con ella. Por tanto, solo debe sustituirse por otra compatible y recomendada por el fabricante. Añadir o cambiar componentes sin comprobar su compatibilidad puede alterar las prestaciones certificadas.
Forro e interior
Conviene comprobar manualmente el interior para detectar:
- Roturas o desgaste del forro.
- Pliegues o deformaciones.
- Elementos duros o bordes que puedan causar heridas.
- Humedad persistente o deterioro higiénico.
Situaciones que requieren especial precaución
El calzado debe dejar de utilizarse cuando exista una duda razonable sobre su capacidad protectora, especialmente después de:
- Un impacto o aplastamiento importante.
- Una perforación o corte.
- La exposición accidental a productos químicos.
- El contacto con temperaturas superiores a las previstas para el modelo.
- Una deformación significativa.
- La separación de alguno de sus componentes.
No es recomendable realizar reparaciones caseras sobre elementos que influyan en la protección. Cualquier reparación debe seguir las indicaciones del fabricante y garantizar que no modifica las características del EPI.
En el calzado destinado a riesgos específicos ,bomberos, trabajos eléctricos, fundición, soldadura, motosierras o entornos ESD, entre otros, deben aplicarse además los procedimientos de inspección y sustitución correspondientes al modelo, a su certificación y a la evaluación de riesgos del puesto.
Cómo alargar su vida útil sin comprometer la protección
Un mantenimiento adecuado ayuda a conservar el calzado, pero nunca debe emplearse para prolongar el uso de un equipo que ya no ofrece garantías.
Las principales recomendaciones son:
- Limpiar regularmente el exterior y la suela.
- Retirar barro, polvo y sustancias adheridas después del trabajo.
- Secar el calzado húmedo de forma natural.
- No colocarlo junto a estufas, radiadores, chimeneas o secadores de aire caliente.
- Guardarlo en un lugar seco y ventilado.
- Ventilarlo siempre que sea posible.
- Alternar dos pares cuando exista una utilización intensiva o una transpiración elevada.
- Cambiar los calcetines diariamente.
- Utilizar únicamente productos de limpieza y mantenimiento adecuados para sus materiales.
- No compartir ni reutilizar el calzado de otra persona.
En el calzado de piel, es recomendable aplicar crema natural e hidrofugante y evitar productos con ceras o grasas que puedan obstruir los poros del material.
Errores frecuentes que pueden reducir su duración
Entre las prácticas que pueden deteriorar prematuramente el calzado se encuentran:
- Secarlo mediante una fuente directa de calor.
- Guardarlo mojado o dentro de una bolsa cerrada.
- Utilizar productos de limpieza agresivos.
- Cambiar la plantilla por otra no compatible.
- Ignorar pequeñas separaciones, cortes o fallos en las costuras.
- Continuar utilizándolo después de un impacto importante sin evaluarlo.
- Emplearlo frente a riesgos para los que no está certificado.
Antes de elegir o reponer un modelo es importante comprobar su clasificación y sus marcados. Puedes consultar nuestra guía sobre la normativa del calzado de seguridad.
Checklist rápido de inspección
Antes de utilizar el calzado, comprueba:
- ¿La suela conserva un relieve suficiente?
- ¿Existen grietas, cortes o zonas despegadas?
- ¿El exterior presenta deformaciones, quemaduras o abrasiones importantes?
- ¿Las costuras y los sistemas de cierre funcionan correctamente?
- ¿La puntera ha sufrido algún impacto?
- ¿La plantilla está deformada o deteriorada?
- ¿El forro interior está íntegro?
- ¿El calzado sigue ajustando y sujetando correctamente el pie?
- ¿Ha estado expuesto a algún agente que pueda alterar sus materiales?
Si alguna respuesta genera dudas, el calzado debe retirarse temporalmente y ser revisado conforme a las instrucciones del fabricante y al procedimiento de prevención de la empresa.
Una decisión basada en el estado y en el riesgo
Cambiar el calzado de seguridad en el momento adecuado no depende solo de su apariencia ni de una fecha concreta. Deben valorarse el deterioro real, las condiciones de uso y los riesgos frente a los que tiene que proteger.
El usuario debe efectuar controles frecuentes, mientras que los responsables de prevención y compras deben establecer criterios de revisión, reposición y trazabilidad. Ante cualquier duda, deben prevalecer la evaluación de riesgos, la documentación técnica del modelo y las indicaciones del fabricante.
Consulta el catálogo de calzado de seguridad FAL y los complementos compatibles para seleccionar soluciones adecuadas para cada entorno profesional.
